Entre dos vidas

ronan-4-xlargeEn los años 50, la deprimida Europa se convirtió en una maquinaria de éxodo masivo debido a las devastadoras consecuencias de la II Guerra Mundial. Uno de los países más atractivos para muchos migrantes fue Estados Unidos, territorio pujante y con una economía en alza que se convirtió en un destino con grandes oportunidades que precisaba mano de obra. Eilis Lacey (estupenda interpretación de Saoirse Ronan) es una de las muchas jóvenes irlandesas que eligieron Nueva York como lugar de destino. Su decisión de cambiar Enniscorthy, su pueblo natal, por la Gran Manzana, se debe a motivos económicos y laborales, pero también personales. Hastiada y asfixiada por un trabajo  como empleada en una modesta tienda de comestibles, aprovecha la oportunidad que le brinda un sacerdote irlandés amigo de su hermana y residente en Nueva York para conseguir visa y trabajo. Sabe que allí le espera un futuro mejor, pero también es consciente de que abandonar su tierra no será tarea fácil, tampoco la adaptación a su nuevo trabajo en una tienda de ropa de alta gama ni a la casa que comparte con otras expatriadas irlandesas.

Brooklyn (1)Desde esa premisa parte Brooklyn, que opta a tres premios Oscar. Dirigida por el también irlandés John Crowley y escrita por el inglés Nick Hornby, esta fiel adaptación de la novela de Colm Toibin, de la que le cuesta despegarse, se centra desde sus inicios en el drama vital de Eilis, personaje protagonista que soporta el peso del drama interpretando a una joven tímida, insegura y sensible. Tildada de conservadora en sus planteamientos (y en su ideología) y de excesivamente academicista formalmente, la cinta avanza junto a una Eilis que irá creciendo como persona y olvidando paulatinamente la nostalgia y el dolor de su partida conforme se va adaptando a su nueva ciudad. No en vano, nunca dejará de sentirse extraña en una tierra que no entiende como propia, y pese a conocer a un italoamericano del que se enamorará rápido, la melancolía y la nostalgia seguirán estando muy presentes en cada una de sus decisiones. Y es ahí donde se vislumbra el tema central que vertebra la película: la intención última de Crowley no es otra que construir un drama alrededor de la pérdida, de la nostalgia y del dolor que supone partir para, quién sabe cuándo, quizás nunca, regresar. El drama de los emigrados, el sentimiento de pertenencia a un lugar, el desamparo de estar a un océano de distancia de tus seres queridos, el miedo a dejar de ser el mismo, de dejar de pertenecer a la tierra que te vio nacer son los temas secundarios sobre los que se articula el film. Eilis no deja de crecer desde el momento en que pone un pie en ese barco que le llevará a una tierra plagada de oportunidades, que le brindará un futuro próspero; partirá de su país como una joven inocente, aprenderá poco a poco lo que es la vida, pero tendrá siempre presente sus raíces, y la nostalgia y el dolor nunca desaparecerán del todo. Hay un cierto sentimiento de culpa en ese personaje tierno, herido, inocente e ingenuo que decide marchar dejando solas a su hermana y a su madre.

50-BROOKLYN-LionsgateUn suceso personal y traumático obligará a la protagonista a regresar temporalmente a su hogar, o al menos el lugar que ella considera digno de ese nombre, Irlanda. La película tomará entonces otros derroteros, partiéndose en dos mitades. A su vuelta, con la perspectiva que sólo otorga la experiencia, conocerá a un chico que le hará dudar de todo, cuestionarse sus razones para haber emigrado, debatirse entre regresar a una tierra que no siente como propia pero en la que es feliz y que le ofrece un futuro mejor, o permanecer en su casa, junto a su madre y sus amigos. Esa encrucijada que le obliga a elegir entre dos tierras, entre dos vidas, entre dos mundos; entre pasado y futuro, entre prosperidad y estabilidad personal, pondrá realmente a prueba su crecimiento como persona y, a su vez, le permitirá seguir creciendo.

backgroundSobre esa dicotomía y sobre el valor de lo aprendido, de las experiencias vitales como motor de crecimiento personal, se construye Brooklyn. El resultado es una película un tanto almibarada, no más que la novela sobre la que se construye, que logra bordear con sutileza el sentimentalismo lacrimógeno de los muy numerosos dramas de época. Brooklyn acaba revelándose como una propuesta elegante, honesta y sencilla, aunque ambiciosa, algo convencional en sus formas, pero con reconocibles signos de autoría y que acaba inscribiéndose en ese cierto tipo de cine sobre el desarraigo y la melancolía más que en el melodrama romántico. Mención especial merecen las interpretaciones Notables todas ellas y sobresalientes algunas, especialmente la de su pareja protagonista.  Saoirse Ronan por un lado, repleta de matices y expresividad nada impostada, y de su pareja en la ficción por el otro, un Emory Cohen que supone el grato descubrimiento de un actor desconocido para el que escribe estas líneas. Su papel como figura insegura, poco experimentada y risueña sostiene la credibilidad de un film que transita por senderos peligrosos. La complicidad y el entendimiento entre ambos es evidente y es lo que hace funcionar una película que bucea en lo emocional más que en las consecuencias de la migración; en la sensación de sentirse un extraño en un territorio nuevo y, también, en ese contradictorio sentimiento de ver con otros ojos la tierra a la que perteneces tras haber vivido fuera.

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