Diligencia apocalíptica

MAD MAX: FURY ROADEn un tiempo dominado por el abuso de remakes, reboots, precuelas y secuelas, de franquicias que otrora tuvieron cierto éxito, George Miller ha rescatado, en un gesto que tiene algo de reivindicación contra el abuso del digital, una saga que parecía amortizada pero a la que ha sabido redefinir y otorgar un sentido más allá del beneficio económico. Mad Máx: Furia en la carretera supone todo un alegato en favor de la acción física, del cuerpo a cuerpo, de lo artesanal e imaginativo del cine de antaño. Quizás por eso, la intención del realizador australiano no era tanto la de continuar la saga, que también, sino la de redefinir el concepto de blockbuster, ese género incombustible que parece, sin embargo, agotado y caduco en cuanto a nuevos planteamientos. Y lo ha conseguido en buena medida por haber sabido mantener la esencia y por respetar tanto la estética western como la representación descarnada de la violencia de la trilogía original.

mad-max-immortan-joe-xlargeSobre el papel la historia no es nueva. Mad Max sigue siendo un personaje solitario en un mundo apocalíptico y hostil, ese erial global e infértil con olor a gasolina en que se ha convertido el planeta. Inintencionadamente se verá imbuido en una persecución junto a la Emperatriz Furiosa y su séquito de mujeres, que huyen de Immortan Joe, al que han robado uno de sus bienes más preciados. Desde esa simple premisa, y hasta el final, la película se convierte en una sucesión sin descanso de trepidantes escenas de acción. Puro entretenimiento adrenalítico en el que, no obstante, se dejan entrever críticas sociopolíticas hacia las tiranías, la desigualdad y el abuso de poder, y un cierto alegato a favor del ecologismo, el feminismo y la emancipación de la mujer.

mad-max-fury-road-image-the-war-rigTodo en el regreso de este prodigio técnico que es Mad Max es excesivo. Ya en su arranque se atisba una intensidad y un sentido incansable del ritmo que no pararán hasta el último plano del metraje. La intención es no dejar respirar al espectador hasta dejarlo exhausto. El montaje es frenético, igual que el empleo del sonido, que juega aquí un papel relevante quizás para tratar de tapar las carencias de un guion que se reduce a la mínima expresión posible. La cinta huye de las largas peroratas y discursos moralistas que suelen caracterizar el cine de acción para entregar todo su discurso a la fisicidad de la acción, al trepidante montaje y a la potencia visual de sus imágenes. Un espectáculo flanqueado por el buen hacer de sus dos personajes protagonistas: un Tom Hardy atormentado que vuelve a demostrar que es uno de los actores con mayores posibilidades y registros de la actualidad, y una muy notable Charlize Theron como principal líder de la rebelión.

mad-max-fury-road-image-charlize-theron-abbey-lee-courtney-eaton-zoe-kravitz-riley-keoughNo se dejen engañar por su aparente caos, pues todo está medido. Las apariencias no suelen ser buenas consejeras y este caso no es una excepción: detrás de esta entrega de Mad Max hay un machacado trabajo de dirección y una planificación que cuida al máximo cada detalle. Como casi siempre en estos casos, sólo hace falta mirar un poco más allá de lo evidente para darse cuenta.

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