La imposibilidad del cambio

lambEfraín es hijo único. Su madre acaba de fallecer y su padre, asfixiado económicamente por la falta de oportunidades de la pequeña aldea en la que residen, decide trasladarse a la capital en busca de trabajo. Efraín se verá forzado a vivir con su abuela, sus tíos y otros familiares en una localidad rural en la que no conoce a nadie. Su única compañía se reduce a su cordero, Chuni, del que no se separa nunca, regalo de su madre y único recuerdo que tiene de ella. Pese a su sentimiento de abandono y desamparo, el joven intentará colaborar en el hogar llevando el escaso dinero que le aporta cocinar empanadillas (el otro legado de su progenitora) y venderlas en el mercado local. Pero el hambre sigue acuciando a la familia y su tío le comunica que pronto tendrán que sacrificar al cordero para comer. Será entonces cuando Efraín deberá enfrentar los valores familiares con los de amistad, aceptar su cambio de vida, tratar de adaptarse (al medio, a los sentimientos y a las nuevas emociones que le asolan) y luchar consigo mismo y con el entorno para tratar de conseguirlo.

lamb_stillEsta es la premisa de Efraín (Lamb, 2015), película debut de Yared Zeleke y primera cinta etíope (pese a que parte de su capital es francés) en acudir a concurso (finalmente fue relegada a Una cierta mirada) en el Festival de Cannes; una película que expone de manera clara tradiciones y culturas muy diferentes a las occidentales, que muestra una realidad que nos es ajena pero reconocible por la universalidad de su lenguaje, de lo que cuenta y de cómo lo hace, pero sobre todo porque apela a razones y sentimientos primitivos, inherentes a todos ser humano. Para ello Zeleke decide –de manera ciertamente arriesgada aunque demostrando delicadeza y sensibilidad impropias de un debutante– presentar la película de manera visceral, parca en palabras, donde son los matices, los silencios y las miradas los que más transmiten. Los paisajes –estéticamente apabullantes– juegan un papel fundamental: tienen fuerza y autonomía suficiente, no solo para contextualizar la historia, sino para ser partícipes –y no un simple testigo más- de lo que se narra. La naturaleza sirve además para acentuar ese deliberado tono neutral, cercano al documental, que impregna el film desde el inicio, en el que se emplean numerosos planos de la vasta naturaleza del país africano.

maxresdefaultDe esta manera, la debutante Zeleke teje un relato que pretende ser una fotografía de toda la sociedad de su país. Una sociedad hostil y opresora con el diferente, que aplaca rápidamente los sueños y anhelos de los inocentes, y que se cierra en banda cuando se proponen cambios evolutivos. Pese a la aparente asepsia de la narración y a la innegable vocación documental del film, con la cámara normalmente alejada de los personajes y preciosistas planos de la majestuosa naturaleza etíope, el cineasta africano se inmiscuye en alguna ocasión en la vida de sus personajes cuando quiere reforzar alguna idea, pegando la cámara a su protagonista cuando quiere subrayar algún posicionamiento, perjudicando así de la neutralidad que rodea al film. Es por eso que la película no acaba por definirse, en una constante búsqueda de equilibrio entre la neutralidad y el posicionamiento de refuerzo, localizado en la visión personal y subjetiva del joven protagonista.

lamb-1Pese a ello, es fácil que el espectador tome partido rápidamente, se escandalice por las injusticias que rodean a su personaje principal, se indigne por los problemas sociales que asolan Etiopía, donde las tradiciones hunden sus profundas raíces en el suelo, imposibilitando el cambio. La superficialidad de cierto cine social, aquel que toca de soslayo cuestiones capitales como los antecedentes y las motivaciones de los conflictos raciales y sociales del territorio en el que se inscribe,  suele incurrir en un maniqueísmo que en este caso es acentuado por un trabajo musical en ocasiones reiterativo y excesivamente enfático. En este caso es contrarrestado certeramente otorgando importancia a unos personajes secundarios que funcionan como contrapeso de un protagonista demasiado utópico, desconocedor, igual que gran parte de los espectadores, de la realidad del país. Pese a su empecinamiento inicial, esta cerrazón familiar obligará al joven soñador a comprender el complejo funcionamiento del mundo, las contradicciones y las limitaciones del cambio. Es avanzado el metraje cuando entiende que muchas de sus pretensiones iniciales son inamovibles, que el progreso y los cambios son graduales, y siempre suceden a escala local.

lamb (1)Y así, entre la necesidad y el entendimiento, entre el anhelo de cambio y la desconfianza de todas su familia al progreso (con la única excepción de su incomprendida prima), transita una película amable y vitalista, con una importante –aunque en ocasiones se antoje insuficiente- carga crítica, que apela a la conciencia y a los sentimientos más que a la razón para confeccionar un relato que retrata de forma clarividente las diferencias generacionales enraizadas en la sociedad etíope.

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