Juicio al sistema

"L'Hermine" de Christian VincentLa última película del cineasta francés Thomas Lilti, Hipócrates (2014), radiografiaba, desde la atenta mirada de un joven doctor, las entrañas de un hospital y, a su vez, analizaba las dificultades a la que se enfrentan los médicos, sus conflictos éticos y morales, sus limitaciones y sus posibilidades. Una cinta que pese a sus buenas intenciones acababa quedándose en un alegato estéril, insuficiente, a favor de la sanidad pública de calidad, garantizada, gratuita y universal, en un film que acababa revelándose más funcional que puramente reivindicativo. Algo similar ocurre con el El juez (2015), del también cineasta francés Christian Vincent. Aquí, sin embargo, lo que se somete a enjuiciamiento público es el sistema judicial del país galo. Sus intenciones son parecidas aunque su tono, en clave de comedia, es definitivamente más desenfadado y accesible que el de aquella. También ambiciones, y sus aciertos, son mayores. Michel Racine (interpretado por un sensacional Fabrice Luchini) es un juez implacable, tímido y solitario de Saint-Omer, una pequeña localidad al norte de Francia, y presidente de un tribunal de lo penal que no goza de muy buena fama. Algunos le hacen llamar el juez de dos cifras porque raramente, en sus veredictos, los culpables pasan menos de diez años en prisión. Racine es un hombre implacable, serio y solitario. Metódico hasta la extenuación, repasa a conciencia los escritos judiciales antes de acostarse. En el juicio se topará con una mujer, Ditte Lorensen-Coteret (magnífica también la danesa Sidse Babett Knudsen, la que por siempre será Birgitte en la imprescindible Borgen), miembro del jurado popular, de la que hace tiempo estuvo perdidamente enamorado, cuando ella le asistió en el posoperatorio  de una intervención quirúrgica.

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Amable reivindicación

O_los_tres_o_ninguno-780300048-largeLos títulos de crédito que cierran junto a imágenes de archivo la película O los tres o ninguno (Kheiron Tabib, 2015), no solo indican que nos encontramos ante un relato real, sino también autobiográfico. El polifacético e inclasificable artista iraní afincado en Francia encarna la figura de su padre para mostrarnos una historia que arranca en la cruda Irán de los 70 para terminar en la mucho más habitable Francia actual. En el medio, una cinta que es una auténtica montaña rusa de sensaciones, mezcla de alegrías y decepciones, de aciertos y errores, de risas y lágrimas, de esperanza y desesperación. Una oda al valor paternal frente a un futuro incierto, pero también una reivindicación de los que lucharon por salvar un país que había sido secuestrado por esos que a los que tan frecuentemente se les llena la boca con la palabra patriota mientras con la otra mano someten al pueblo y lo ahogan hasta la extenuación. En este sentido la película no renuncia a la denuncia social desde el aspecto inofensivo que le da el envoltorio de comedia con el que se presenta. Sigue leyendo

En busca del placer extinto

paris-folliesInédito hasta ahora en España, Marc Fitoussi llega a nuestro país con su cuarto largometraje, ‘Luces de París’, una comedia que nos sitúa en una zona rural de Normandía y que relata la historia de un matrimonio que se gana la vida cuidando ganado bovino. Su hijo se ha emancipado y su única preocupación parecen ser los animales que tienen a su cargo. Él se dedica en cuerpo y alma a una profesión que colma su vida; ella aparenta ser feliz, pero en realidad se encuentra hastiada de una vida que le aburre y de un matrimonio que quizás ha durado demasiado tiempo como para que la monotonía y la rutina no hayan hecho mella. Precisamente a ese detalle hace referencia el explícito título original, La ritournelle, mal traducido al castellano como Luces de París, que significa algo así como bucle, repetición insistente de algo que lo convierte en incómodo, en molesto. Eso parece suponer para Brigitte un matrimonio en el que ya no encuentra novedad, pasión ni motivaciones. Conocer a un chico joven que tratará de cortejarla reavivará una llama en su interior que parecía extinta. Y así, con la excusa de un sarpullido que lleva tiempo agravándose y que funciona como perfecta alegoría de una relación enferma, emprenderá un breve pero intenso viaje a París sin mayor rumbo que el de reordenar su cabeza y aclarar sus ideas. Con el único y nada desdeñable motivo de encontrar su camino, de reflexionar sobre su vida, de encontrar una pasión perdida, de poner a prueba la fortaleza de una relación que ella cree caduca. Sigue leyendo

Una desafortunada contradicción

155473Charles Ferguson se propuso, en el excelente documental que fue Inside Job, reconstruir los hechos que llevaron a la quiebra del sistema financiero y económico mundial. Señalaba no solo las causas sino directamente a unos responsables que en la mayoría de los casos no pagaron por sus desmanes y que siguen, años después, gozando de absoluta impunidad. Lo hacía a través de casi dos horas de entrevistas a profesionales del sector, periodistas, políticos y economistas para mostrar los entresijos de una quiebra creada por gente sin ningún tipo de escrúpulos y en otros muchos casos sin preparación financiera de ningún tipo. Crisis que a la postre supuso el derrumbamiento de un sistema que llevó a la precariedad –cuando no a cosas peores como los desahucios, el paro y los suicidios- de millones de individuos y que a día de hoy sigue lastrando las economías de muchos países sin la certeza de que vaya a poder superarse en el medio plazo y sin que, y aquí yace lo más sangrante, se hayan tomado apenas medidas para que no ocurran de nuevo en un futuro próximo. Sigue leyendo

Jennifer Lawrence no es suficiente

joy-gallery3-gallery-imageReputado productor, director y guionista, David O. Russell lleva realizando películas con resultados dispares desde 1994. Sus primeros filmes le acercaron a cierta corriente contracultural que otros directores de la época, como John Boorman o Dennis Hopper, llevaban años practicando. O. Russell fue abandonando ese perfil de manera paulatina hasta convertirse en un cineasta más próximo a un estilo comercial y academicista que comenzaba a arrancar en Hollywood. Conservó unos códigos de autoría y estilo propio que aún mantiene y que hacen que su cine siga siendo reconocible. Así, desde la magnífica Tres reyes en adelante, cuando vieron la luz la también magnífica The Fighter, o trabajos interesantes como El lado bueno de las cosas y otros que no lo fueron tanto como La gran estafa americana, David O. Russell fue construyendo las tramas de sus filmes alrededor de personajes muy sólidos interpretados por grandes actores. De George Clooney a Patricia Arquette, de Josh Brolin a Mark Whalberg, hasta Naomi Watts o Amy Adams pasando por Robert de Niro, Bradley Cooper y Jennifer Lawrence, el director neoyorkino no ha dejado de contar con grandes estrellas de Hollywood para que protagonicen sus películas. En su nuevo trabajo, Joy, repiten dos de sus intérpretes fetiche más recientes -Lawrence y Cooper- y rescata a un De Niro con el que ya contó en la celebrada El lado bueno de las cosas. Sigue leyendo

Viajera senectud

 

A WALK IN THE WOODSEs bien sabido que en Hollywood un importante número de actores con una trayectoria destacable afrontan grandes dificultades para encontrar papeles relevantes una vez han sobrepasado el medio siglo de edad. Con las actrices sucede incluso antes, pasados los 45. En un arrebato de lástima o condescendencia por parte de ciertos productores y directores, o quizás (seguramente) porque funcione comercialmente, éstos deciden reunir a actores a los que la industria decidió olvidar hace tiempo. Actores cuya simple aparición en el rótulo del cartel justifica para muchos el pago de la entrada. Intérpretes con un importante bagaje, acaparadores incluso de grandes premios de la Academia  a los que la industria americana, esa máquina engrasada para fabricar ídolos a un ritmo sólo comparable a su capacidad para destruirlos, ha dado de lado, relegándolos al ostracismo de papeles secundarios o cameos intrascendentes. Esa misma industria vuelve a reunirlos, normalmente en pareja, a veces en tríos o cuartetos, para protagonizar películas amables, inofensivas, haciendo en ocasiones guiños a sus propias carreras o a algún papel anterior. Sigue leyendo

Distopía sin convencionalismos

2222El cineasta griego Yorgos Lanthimos se adentra en su nuevo filme, Langosta, en terreno desconocido, principalmente por tres motivos. El primero de ellos responde a la decisión de rodar fuera de las fronteras de su país, Grecia, para hacerlo en Irlanda y en un idioma ajeno, el inglés. El segundo, por abordar un género inédito hasta ahora en su filmografía: la ciencia ficción. Y el tercero, el relativo al abandono de la producción modesta, local, y podría decirse que independiente, para embarcarse en un proyecto ambicioso, con actores internacionales y con gran reputación- Rachel Weisz, Collin Farrel, John C. Reilly y Léa Seydoux-. Su obra ha seguido una cierta coherencia temática, siempre centrada en el comportamiento humano, la conducta, la sociología y la educación. La desprestigiada Kinneta (Kinneta, 2005), su primer largo, se enmarca en ese cierto tipo de cine experimental que busca la reacción y la participación del espectador. El formalismo que ya empezaba a vislumbrarse en aquella acabó consagrándose en la magnífica Canino (Kynodontas, 2009), donde creó un universo tan propio como aterrador para bucear en el mundo familiar y educativo sin paliativos, con evidentes dotes para el humor negro. Su último precedente, Alps (Alpeis, 2011), otra de esas maravillosas rarezas por el desconcierto y la sensación de desamparo que transmiten, volvía a hablarnos de la soledad, del sentido de la vida y de la nostalgia imborrable. Sigue leyendo