Una historia de amor antropófago

foto-antonio-de-la-torre-en-canibal-3-217A principios de los años 60 nació un género cinematográfico ciertamente marginal –el cine mondo– que, bajo una apariencia de no ficción y un discurso que enfrentaba civilización y barbarie, acabaría dando lugar, una década después, a un género más mayoritario, el del cine caníbal. Un tipo de cine que nació en Italia con la que posiblemente fue su película fundacional, El país del sexo salvaje (Umberto Lenzi , 1972), a la que siguieron dos más del mismo director ¡Comidos vivos! (1980) y Cannibal Ferox (1981). La controvertida Holocausto caníbal (Ruggero Deodato, 1980), homenajeada recientemente por Eli Roth en El infierno verde (2016), junto con la también muy explícita Gomia, terror en el Mar Egeo (Joe D’ Amato, 1980), pusieron fin a una etapa de cine salvaje y excesivo. Quedó viva, no obstante, una corriente que pronto sería retomada en Estados Unidos por cineastas que transformarían el género en algo más sutil y elegante, donde el suspense cobraría un protagonismo que antes pertenecía al salvajismo. De esta manera vieron la luz películas como Parents (Bob Balaban, 1989), la notable El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), y su malograda continuación, Hannibal (Ridley Scott, 2001). Sigue leyendo

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La enfermedad del sueño

Cemetery_of_Splendour_3La influencia del pasado de Apichatpong Weerasethakul como realizador de video-arte en su cine actual es evidente. Esa impronta se revela especialmente en su extenuante preocupación por la excelencia de la puesta en escena: cada encuadre, cada plano, cada posición de cámara, cada movimiento de la misma, la planificación previa, el movimiento de los interpretes dentro de plano, está estudiada al detalle, nada puede quedar en manos del azar o de la improvisación. Tampoco el estudio de la luz y de la fotografía, pues resultan capitales en cada instante del metraje. El cineasta tailandés eleva a su máxima expresión la célebre frase del director francés de la Nouvelle Vague, Jean-Luc Godard, en la que aseguraba que “el arte es aquello que permite a las formas convertirse en estilo”, aludiendo a que son las formas las que nos indican lo que hay en el fondo de las cosas. En este sentido, la unión que del fondo y la forma hace Apitchatpong, es irrebatible.  Sus películas, y es aquí donde se vierten gran parte de las críticas en contra del realizador de filmes como Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010) y Worldly Desires (2005) prescinden del relato o lo disminuyen hasta su mínima expresión. La narrativa de su cine es pausada, muy alejada del ritmo occidental más común, pero consigue fluir con naturalidad y de manera inexorable, sin imposturas ni grandes aspavientos. La armonía que consigue en este sentido, con una confluencia única entre la belleza de las imágenes y la tranquilidad narrativa, es total, y es donde seguramente reside el éxito de un cine que se aleja de los cánones establecidos por Occidente. Sigue leyendo

Lección magistral

8f38f071e781ebd86f5e0241ccb3b9bdCon sólo 30 años, François Truffaut era una figura respetada y admirada en el mundo del cine. Con esa edad contaba únicamente con tres películas en su todavía recién iniciada filmografía, pero ya se empezaban a atisbar rasgos de estilo y propuestas de lo que posteriormente supondría un legado crucial para el devenir del cine moderno. Su etapa como crítico en la prestigiosa revista Cahiers du Cinema precedió a su carrera como cineasta. Aquella publicación, que se extiende hasta nuestros días, veneraba casi por encima de todos los demás creadores a Alfred Hitchcock, un director que contaba con un gran número de admiradores y de no pocos detractores, los cuales defendían que su cine no se alejaba demasiado del mero entretenimiento que ofrecían de manera más eficaz otros realizadores de Hollywood. La veneración por el director londinense –obsesión en palabras de algunos por la constante búsqueda de una figura paternal que le faltó desde muy pronto- nace en parte gracias al empecinamiento de un Truffaut que se afanó en colocarlo a la misma altura que realizadores ilustres como Bergman o Fellini. Con motivo de la presentación de Atrapa a un ladrón (1955), Truffaut y Claude Chabrol entrevistaron al Maestro del Suspense en la Costa Azul, y según cuentan ellos mismos, quedaron fascinados de manera irremediable con su inteligencia y su visión personal del séptimo arte. Esa admiración, con una importante carga reivindicativa, quedó registrada de manera física en un libro que recogía la conversación y las reflexiones que tuvieron lugar durante la extensa reunión de ocho días que ambos mantuvieron en Los Ángeles y que acabó convirtiéndose en un manual básico, capital, para cualquier cinéfilo: El cine según Hitchcock. Sigue leyendo

Cicatrices familiares

uchi49daa1c266384b34e0c0b81decbe4e17La preocupación de Kore-eda por las relaciones familiares no es nueva. Podría decirse incluso que es una de las mayores constantes de su cine. Ya en Maborosi (Maboroshi no hikari, 1995) indagaba en las tribulaciones que ocasionaban a una mujer la muerte de su esposo. También en Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004), posiblemente su mejor film hasta la fecha, el director japonés ponía sobre la mesa los problemas que afrontan los hijos por los desmanes provocados por sus progenitores. En De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru 2013), última película del cineasta nipón, exploraba las dificultades a las que se enfrenta una familia al descubrir, años después de su nacimiento, que el hijo que han estado cuidando no es su hijo, pues fue cambiado por error en el hospital. Así llegamos hasta su nueva creación, Nuestra hermana pequeña, cinta que continúa la senda marcada por Nadie sabe. En ella se narra la vida de tres hermanas que fueron abandonadas por sus padres. En el funeral de su progenitor, conocen a una hermanastra pequeña fruto del nuevo matrimonio de su padre con otra mujer. La niña acabará accediendo a vivir con ellas a una pequeña localidad costera. Igual que en Nadie sabe, los errores pretéritos de los padres tendrán consecuencias directas en las vidas de sus hijos.  Sigue leyendo

Amable reivindicación

O_los_tres_o_ninguno-780300048-largeLos títulos de crédito que cierran junto a imágenes de archivo la película O los tres o ninguno (Kheiron Tabib, 2015), no solo indican que nos encontramos ante un relato real, sino también autobiográfico. El polifacético e inclasificable artista iraní afincado en Francia encarna la figura de su padre para mostrarnos una historia que arranca en la cruda Irán de los 70 para terminar en la mucho más habitable Francia actual. En el medio, una cinta que es una auténtica montaña rusa de sensaciones, mezcla de alegrías y decepciones, de aciertos y errores, de risas y lágrimas, de esperanza y desesperación. Una oda al valor paternal frente a un futuro incierto, pero también una reivindicación de los que lucharon por salvar un país que había sido secuestrado por esos que a los que tan frecuentemente se les llena la boca con la palabra patriota mientras con la otra mano someten al pueblo y lo ahogan hasta la extenuación. En este sentido la película no renuncia a la denuncia social desde el aspecto inofensivo que le da el envoltorio de comedia con el que se presenta. Sigue leyendo

La fugacidad de lo efímero

vlcsnap-2014-12-22-13h15m54s240El año 2013 dejó dos noticias luctuosas para la animación japonesa y, en consecuencia, del mundo entero: dos gigantes creadores de la industria decían adiós, se retiraban para siempre. Antes, eso sí, dejarían constancia con sendas obras que obtuvieron acogida y resultados muy desiguales. Quizás como consecuencia de ello, y ante la imposibilidad de recuperarse de semejante mazazo (unido al varapalo económico que ha supuesto la película que nos ocupa: 49 millones de presupuesto y 22 de recaudación en Japón),  el Studio Ghibli  –que produjo ambos filmes y que curiosamente estrenará este fin de semana en nuestro país El recuerdo de Marnie (Hiromasa Yonebayashi, 2014)– anunció que cerraba sus puertas. Los dos creadores nipones son, por si no lo habían adivinado, Miyazaki y Takahata. El incontestable maestro Hayao Miyazaki, artífice de las inolvidables La princesa Mononoke (1997), El viaje de Chihiro (2001) o Mi vecino Totoro (1988), se despidió con El viento se levanta (2013), película que cuenta la historia de Jiro, un aviador frustrado que acaba convirtiéndose en un reconocido ingeniero aeronáutico en su país. Isao Takahata, veterano animador de 78 años, quizás sin ese deslumbramiento estético del que goza su colega nipón, opta por el 2D, por ciertos rasgos impresionistas y por la sencillez aparente en El cuento de la princesa de Kaguya, cinta que se estrenó a finales de 2013 en Japón y que llega a las salas españolas con casi tres años de retraso. Sigue leyendo

En busca del placer extinto

paris-folliesInédito hasta ahora en España, Marc Fitoussi llega a nuestro país con su cuarto largometraje, ‘Luces de París’, una comedia que nos sitúa en una zona rural de Normandía y que relata la historia de un matrimonio que se gana la vida cuidando ganado bovino. Su hijo se ha emancipado y su única preocupación parecen ser los animales que tienen a su cargo. Él se dedica en cuerpo y alma a una profesión que colma su vida; ella aparenta ser feliz, pero en realidad se encuentra hastiada de una vida que le aburre y de un matrimonio que quizás ha durado demasiado tiempo como para que la monotonía y la rutina no hayan hecho mella. Precisamente a ese detalle hace referencia el explícito título original, La ritournelle, mal traducido al castellano como Luces de París, que significa algo así como bucle, repetición insistente de algo que lo convierte en incómodo, en molesto. Eso parece suponer para Brigitte un matrimonio en el que ya no encuentra novedad, pasión ni motivaciones. Conocer a un chico joven que tratará de cortejarla reavivará una llama en su interior que parecía extinta. Y así, con la excusa de un sarpullido que lleva tiempo agravándose y que funciona como perfecta alegoría de una relación enferma, emprenderá un breve pero intenso viaje a París sin mayor rumbo que el de reordenar su cabeza y aclarar sus ideas. Con el único y nada desdeñable motivo de encontrar su camino, de reflexionar sobre su vida, de encontrar una pasión perdida, de poner a prueba la fortaleza de una relación que ella cree caduca. Sigue leyendo