El amor que se desvanece

INCENDIO_portada1-702x516El inicio de El incendio está cargado de un significado simbólico, aunque éste tardará en desvelarse hasta bien avanzado el metraje. Una preocupación no revelada ronda la cabeza de Lucía, impidiéndole dormir. Su novio, con el que comparte plano de apertura, duerme a pierna suelta. Algunas secuencias después Marcelo le pregunta a ella, ¿Estamos bien? Con esa cuestión, las sospechas filtradas hasta el momento por el director se confirmarán. Es evidente que no están bien, pese a que Lucía le responda afirmativamente –también dubitativamente- a la pregunta. De esta forma arranca un relato que narra durante 24 horas la jornada previa de una pareja a punto de mudarse a su nuevo hogar. Un día entero que servirá como la crónica de una muerte anunciada, o no, de una relación viciada, tóxica y nociva para los dos miembros que la componen. Una pareja que ha normalizado la convivencia entre gritos y zarandeos, que ha olvidado el significado de la tolerancia y el respeto y que hace tiempo rebasó los límites de una relación sentimental sana y próspera. Una radiografía de la vida en pareja en la que muchos se reconocerán, aunque duela. Sigue leyendo

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Gritos pasionales

MON_ROI_StillConvaleciente por una grave lesión de rodilla, Tony (Emmanuelle Bercot) se recupera -no sólo física, también anímicamente tras una relación tormentosa- en una clínica de rehabilitación cerca de alguna región indeterminada de la costa francesa. Allí recuerda su pasado más cercano, los inicios y el desarrollo de esa relación pasional que pronto se tornará convulsa, ilógica y catastrófica; el posterior crecimiento de su hijo fruto de ese matrimonio y las motivaciones que provocaron la ruptura. Vista con la perspectiva que solo proporciona el tiempo, Tony se da cuenta -al espectador le vale con apenas un flashback de los muchos que emplea la narración- de que se trataba de una relación tóxica y destructiva en todos los aspectos.  No se reconoce a sí misma en la persona que fue apenas un lustro atrás, ni entiende las motivaciones que le llevaron a permanecer tanto tiempo junto a un hombre (auto)destructivo, con el que sufrió y del que llegó a sentir una dependencia difícilmente comprensible para el observa la relación desde fuera. Sigue leyendo

La imposibilidad del cambio

lambEfraín es hijo único. Su madre acaba de fallecer y su padre, asfixiado económicamente por la falta de oportunidades de la pequeña aldea en la que residen, decide trasladarse a la capital en busca de trabajo. Efraín se verá forzado a vivir con su abuela, sus tíos y otros familiares en una localidad rural en la que no conoce a nadie. Su única compañía se reduce a su cordero, Chuni, del que no se separa nunca, regalo de su madre y único recuerdo que tiene de ella. Pese a su sentimiento de abandono y desamparo, el joven intentará colaborar en el hogar llevando el escaso dinero que le aporta cocinar empanadillas (el otro legado de su progenitora) y venderlas en el mercado local. Pero el hambre sigue acuciando a la familia y su tío le comunica que pronto tendrán que sacrificar al cordero para comer. Será entonces cuando Efraín deberá enfrentar los valores familiares con los de amistad, aceptar su cambio de vida, tratar de adaptarse (al medio, a los sentimientos y a las nuevas emociones que le asolan) y luchar consigo mismo y con el entorno para tratar de conseguirlo. Sigue leyendo

Juicio al sistema

"L'Hermine" de Christian VincentLa última película del cineasta francés Thomas Lilti, Hipócrates (2014), radiografiaba, desde la atenta mirada de un joven doctor, las entrañas de un hospital y, a su vez, analizaba las dificultades a la que se enfrentan los médicos, sus conflictos éticos y morales, sus limitaciones y sus posibilidades. Una cinta que pese a sus buenas intenciones acababa quedándose en un alegato estéril, insuficiente, a favor de la sanidad pública de calidad, garantizada, gratuita y universal, en un film que acababa revelándose más funcional que puramente reivindicativo. Algo similar ocurre con el El juez (2015), del también cineasta francés Christian Vincent. Aquí, sin embargo, lo que se somete a enjuiciamiento público es el sistema judicial del país galo. Sus intenciones son parecidas aunque su tono, en clave de comedia, es definitivamente más desenfadado y accesible que el de aquella. También ambiciones, y sus aciertos, son mayores. Michel Racine (interpretado por un sensacional Fabrice Luchini) es un juez implacable, tímido y solitario de Saint-Omer, una pequeña localidad al norte de Francia, y presidente de un tribunal de lo penal que no goza de muy buena fama. Algunos le hacen llamar el juez de dos cifras porque raramente, en sus veredictos, los culpables pasan menos de diez años en prisión. Racine es un hombre implacable, serio y solitario. Metódico hasta la extenuación, repasa a conciencia los escritos judiciales antes de acostarse. En el juicio se topará con una mujer, Ditte Lorensen-Coteret (magnífica también la danesa Sidse Babett Knudsen, la que por siempre será Birgitte en la imprescindible Borgen), miembro del jurado popular, de la que hace tiempo estuvo perdidamente enamorado, cuando ella le asistió en el posoperatorio  de una intervención quirúrgica.

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La enfermedad del sueño

Cemetery_of_Splendour_3La influencia del pasado de Apichatpong Weerasethakul como realizador de video-arte en su cine actual es evidente. Esa impronta se revela especialmente en su extenuante preocupación por la excelencia de la puesta en escena: cada encuadre, cada plano, cada posición de cámara, cada movimiento de la misma, la planificación previa, el movimiento de los interpretes dentro de plano, está estudiada al detalle, nada puede quedar en manos del azar o de la improvisación. Tampoco el estudio de la luz y de la fotografía, pues resultan capitales en cada instante del metraje. El cineasta tailandés eleva a su máxima expresión la célebre frase del director francés de la Nouvelle Vague, Jean-Luc Godard, en la que aseguraba que “el arte es aquello que permite a las formas convertirse en estilo”, aludiendo a que son las formas las que nos indican lo que hay en el fondo de las cosas. En este sentido, la unión que del fondo y la forma hace Apitchatpong, es irrebatible.  Sus películas, y es aquí donde se vierten gran parte de las críticas en contra del realizador de filmes como Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010) y Worldly Desires (2005) prescinden del relato o lo disminuyen hasta su mínima expresión. La narrativa de su cine es pausada, muy alejada del ritmo occidental más común, pero consigue fluir con naturalidad y de manera inexorable, sin imposturas ni grandes aspavientos. La armonía que consigue en este sentido, con una confluencia única entre la belleza de las imágenes y la tranquilidad narrativa, es total, y es donde seguramente reside el éxito de un cine que se aleja de los cánones establecidos por Occidente. Sigue leyendo

Lección magistral

8f38f071e781ebd86f5e0241ccb3b9bdCon sólo 30 años, François Truffaut era una figura respetada y admirada en el mundo del cine. Con esa edad contaba únicamente con tres películas en su todavía recién iniciada filmografía, pero ya se empezaban a atisbar rasgos de estilo y propuestas de lo que posteriormente supondría un legado crucial para el devenir del cine moderno. Su etapa como crítico en la prestigiosa revista Cahiers du Cinema precedió a su carrera como cineasta. Aquella publicación, que se extiende hasta nuestros días, veneraba casi por encima de todos los demás creadores a Alfred Hitchcock, un director que contaba con un gran número de admiradores y de no pocos detractores, los cuales defendían que su cine no se alejaba demasiado del mero entretenimiento que ofrecían de manera más eficaz otros realizadores de Hollywood. La veneración por el director londinense –obsesión en palabras de algunos por la constante búsqueda de una figura paternal que le faltó desde muy pronto- nace en parte gracias al empecinamiento de un Truffaut que se afanó en colocarlo a la misma altura que realizadores ilustres como Bergman o Fellini. Con motivo de la presentación de Atrapa a un ladrón (1955), Truffaut y Claude Chabrol entrevistaron al Maestro del Suspense en la Costa Azul, y según cuentan ellos mismos, quedaron fascinados de manera irremediable con su inteligencia y su visión personal del séptimo arte. Esa admiración, con una importante carga reivindicativa, quedó registrada de manera física en un libro que recogía la conversación y las reflexiones que tuvieron lugar durante la extensa reunión de ocho días que ambos mantuvieron en Los Ángeles y que acabó convirtiéndose en un manual básico, capital, para cualquier cinéfilo: El cine según Hitchcock. Sigue leyendo

Cicatrices familiares

uchi49daa1c266384b34e0c0b81decbe4e17La preocupación de Kore-eda por las relaciones familiares no es nueva. Podría decirse incluso que es una de las mayores constantes de su cine. Ya en Maborosi (Maboroshi no hikari, 1995) indagaba en las tribulaciones que ocasionaban a una mujer la muerte de su esposo. También en Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004), posiblemente su mejor film hasta la fecha, el director japonés ponía sobre la mesa los problemas que afrontan los hijos por los desmanes provocados por sus progenitores. En De tal padre, tal hijo (Soshite chichi ni naru 2013), última película del cineasta nipón, exploraba las dificultades a las que se enfrenta una familia al descubrir, años después de su nacimiento, que el hijo que han estado cuidando no es su hijo, pues fue cambiado por error en el hospital. Así llegamos hasta su nueva creación, Nuestra hermana pequeña, cinta que continúa la senda marcada por Nadie sabe. En ella se narra la vida de tres hermanas que fueron abandonadas por sus padres. En el funeral de su progenitor, conocen a una hermanastra pequeña fruto del nuevo matrimonio de su padre con otra mujer. La niña acabará accediendo a vivir con ellas a una pequeña localidad costera. Igual que en Nadie sabe, los errores pretéritos de los padres tendrán consecuencias directas en las vidas de sus hijos.  Sigue leyendo