Registrar la vida

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La particular filmografía de Linklater ha tenido como constante más característica algo, o mucho, de experimental. Así, ha ido construyendo películas que con el tiempo se han acabado convirtiendo de alguna manera en referentes. Su obra más conocida- y reconocida- hasta el estreno de Boyhood era la trilogía Antes de…, noble acercamiento al ascenso y ocaso de la vida en pareja, rodada en tres periodos separados por nueve años pero conservando los mismos actores, Ethan Hawke y Julie Delpy. En aquel maravilloso proyecto que merece la pena revisar Linklater hizo lo imposible por captar pequeños trozos de vida, fragmentos vitales fácilmente reconocibles sin necesidad de haber tenido que pasar por ellos. En Boyhood, película que nos ocupa, Linklater ha ido un paso más allá forjando una obra de colosal magnitud que sólo como experimento cinematográfico es ya inédito, y que ha acabado consagrando al director norteamericano como uno de los grandes narradores de la actulidad.

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