Sin perdón

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Los noruegos fueron pioneros en esa forma de hacer televisión que The Hollywood Reporter acabó denominando slow tv. Un necesario contrapunto de lo que hasta entonces se hacía en la televisión serializada, especialmente la norteamericana, caracterizada por un ritmo frenético que no da descanso al espectador, con giros de guión constantes e imposibles, con cliffhangers poco verosímiles, con tramas forzadas, personajes que llegan a revivir y situaciones difícilmente creíbles. La slow tv rompe con todo eso. La evolución y el desarrollo de sus tramas es fluído pero lento, hay lugar para la reflexión, se deja llevar de forma natural, sigilosa, sin abusar de la elipsis ni los artificios, sin acontecimientos forzados, sin grandes sucesos. Para muchos espectadores acostumbrados al ritmo vertiginoso de muchas producciones, se trata de series en las que nunca pasa nada. Sigue leyendo

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