Lección magistral

8f38f071e781ebd86f5e0241ccb3b9bdCon sólo 30 años, François Truffaut era una figura respetada y admirada en el mundo del cine. Con esa edad contaba únicamente con tres películas en su todavía recién iniciada filmografía, pero ya se empezaban a atisbar rasgos de estilo y propuestas de lo que posteriormente supondría un legado crucial para el devenir del cine moderno. Su etapa como crítico en la prestigiosa revista Cahiers du Cinema precedió a su carrera como cineasta. Aquella publicación, que se extiende hasta nuestros días, veneraba casi por encima de todos los demás creadores a Alfred Hitchcock, un director que contaba con un gran número de admiradores y de no pocos detractores, los cuales defendían que su cine no se alejaba demasiado del mero entretenimiento que ofrecían de manera más eficaz otros realizadores de Hollywood. La veneración por el director londinense –obsesión en palabras de algunos por la constante búsqueda de una figura paternal que le faltó desde muy pronto- nace en parte gracias al empecinamiento de un Truffaut que se afanó en colocarlo a la misma altura que realizadores ilustres como Bergman o Fellini. Con motivo de la presentación de Atrapa a un ladrón (1955), Truffaut y Claude Chabrol entrevistaron al Maestro del Suspense en la Costa Azul, y según cuentan ellos mismos, quedaron fascinados de manera irremediable con su inteligencia y su visión personal del séptimo arte. Esa admiración, con una importante carga reivindicativa, quedó registrada de manera física en un libro que recogía la conversación y las reflexiones que tuvieron lugar durante la extensa reunión de ocho días que ambos mantuvieron en Los Ángeles y que acabó convirtiéndose en un manual básico, capital, para cualquier cinéfilo: El cine según Hitchcock. Sigue leyendo

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Registrar la vida

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La particular filmografía de Linklater ha tenido como constante más característica algo, o mucho, de experimental. Así, ha ido construyendo películas que con el tiempo se han acabado convirtiendo de alguna manera en referentes. Su obra más conocida- y reconocida- hasta el estreno de Boyhood era la trilogía Antes de…, noble acercamiento al ascenso y ocaso de la vida en pareja, rodada en tres periodos separados por nueve años pero conservando los mismos actores, Ethan Hawke y Julie Delpy. En aquel maravilloso proyecto que merece la pena revisar Linklater hizo lo imposible por captar pequeños trozos de vida, fragmentos vitales fácilmente reconocibles sin necesidad de haber tenido que pasar por ellos. En Boyhood, película que nos ocupa, Linklater ha ido un paso más allá forjando una obra de colosal magnitud que sólo como experimento cinematográfico es ya inédito, y que ha acabado consagrando al director norteamericano como uno de los grandes narradores de la actulidad.

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