Un héroe para una tragedia


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La complejidad e intensidad de The Wire, serie por antonomasia de David Simon y casi podría decirse que de HBO y de la televisión del siglo XXI, exigía, y exige en sus infinitas e inabarcables relecturas y visionados, una atención y una predisposición que no todo espectador estaba dispuesto a aceptar. Eso lo sabía muy bien Simon, de ahí su frase lapidaria y reveladora “que se joda el espectador medio”. Y lo supo también con sus dos óperas primas, Homicide y The Corner, y con la minuciosa Treme, aquella que recuperaba el dolor que supuso para Nueva Orleans el huracán Katrina, y que exigía un amor por la ciudad y por la música jazz que no todo el mundo conoce ni admira. Esas y otras razones explican sus bajas cotas de audiencia, especialmente en el momento de su emisión (posteriormente, salvo rara excepción, sus series se convierten en productos de culto). Pero con Show me a Hero la historia cambia. Sigue leyendo

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Que se joda el espectador medio

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En plena noche y sentados en una escalera que da acceso a una vivienda conversan, mientras contemplan un cadáver, un policía y un hombre:

-¿Cómo se llamaba?- le pregunta el policía.

-Moco- responde.

-¿Moco?

-Mocarro, sí.

-¿Y le gustaba el nombre?

-No sé.

-La madre del chaval lo bautiza como Omar Isaia Bets, y un día que se olvida la chaqueta, empieza a pringarle la nariz y un gilipollas, en lugar de darle un pañuelo, le llama Moco. Y Moco le queda para siempre. No parece justo.

-La vida es así.

Así empieza la que es considerada por muchos la mejor serie de todos los tiempos. Podría decirse que The Wire es la hermana pequeña de The Corner, la adaptación de un libro de David Simon y Ed Burns que gustó tanto a la cadena de televisión HBO que se aventuró a producirla. Años más tarde, los dos presentaron un proyecto cuya trama transcurría también en Baltimore: The Wire. Cuando un periodista le preguntó a David Simon qué premisas había seguido para desarrollar la serie, la escueta respuesta fue: “sólo una: que se joda el espectador medio”.

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